Conciernen las crecientes inquietudes entre neurólogos europeos, que vinculan un disolvente petroquímico común, el hexano, con el aumento de las enfermedades neurodegenerativas, y advierten de que la industria alimentaria ya no puede ignorar las señales de alarma.
Qué es el hexano y por qué importa en tu plato
El hexano es un líquido transparente y muy volátil derivado del petróleo crudo. La industria lo utiliza principalmente como disolvente. En las plantas alimentarias, ayuda a extraer aceite de semillas como la soja, la colza y el girasol a gran escala. El proceso aumenta el rendimiento y reduce costes, por lo que se convirtió en el estándar mundial.
En muchas fábricas europeas, las semillas trituradas se bañan en hexano. El disolvente extrae la grasa y después se evapora con el calor. La normativa exige que casi todos los residuos desaparezcan antes de que el aceite llegue a las botellas del supermercado o a los alimentos procesados. Sin embargo, un umbral “casi cero” sigue permitiendo trazas, y los críticos sostienen que esto deja un punto ciego en la política de salud pública.
Las trazas de disolventes industriales en alimentos cotidianos plantean preguntas en un momento en que las enfermedades neurodegenerativas aumentan en poblaciones cada vez más envejecidas.
Los fabricantes de alimentos argumentan que los límites de seguridad ya protegen a los consumidores. Señalan que las agencias reguladoras, cuando fijaron los niveles tolerados, basaron sus decisiones en los datos toxicológicos disponibles en ese momento. Esos datos a menudo se centraban en la toxicidad a corto plazo y en daños orgánicos evidentes, no en efectos sutiles sobre el cerebro que podrían aparecer décadas más tarde.
El neurólogo que ve demasiados pacientes demasiado pronto
En el norte de Francia, el neurólogo David Devos ha dedicado gran parte de su carrera a tratar a personas con enfermedad de Parkinson. En el hospital universitario de Lille, atiende un flujo constante de nuevos pacientes. Muchos llegan más jóvenes de lo esperado, con síntomas que alteran el trabajo, la vida familiar y la autonomía.
Devos se hizo conocido por una innovación técnica: una bomba que administra dopamina directamente al cerebro a través de un catéter. Las pastillas estándar suelen perder eficacia a medida que la enfermedad progresa. La infusión continua y dirigida que desarrolló pretende estabilizar los síntomas y reducir las fluctuaciones incapacitantes.
Los estudios iniciales sugieren que la perfusión intracerebral de dopamina puede mejorar el control motor de forma más marcada que los tratamientos orales convencionales en algunos pacientes. Está previsto un ensayo clínico más amplio hacia 2026 para confirmar estos resultados y definir mejor quién se beneficia más. Para Devos, esa investigación responde a las necesidades urgentes de las personas ya afectadas.
Sin embargo, la entrada constante de nuevos casos de Parkinson le empujó a mirar aguas arriba. ¿Por qué se están degenerando tantos cerebros en primer lugar? ¿Por qué algunas regiones y profesiones muestran mayores riesgos? Estas preguntas le llevaron a él, y a otros especialistas, a reexaminar sustancias químicas que circulan silenciosamente por las cadenas alimentarias y los lugares de trabajo.
Hexano y cerebro: lo que sugiere la ciencia actual
El propio hexano se descompone en el organismo en varios metabolitos, entre ellos el derivado más conocido del n-hexano, la 2,5-hexanodiona. Este compuesto puede dañar los nervios periféricos, causando entumecimiento, sensación de quemazón y debilidad muscular. La medicina del trabajo ha documentado casos así durante décadas en trabajadores expuestos a dosis altas en plantas con mala ventilación.
La neurotoxicidad del hexano no es un riesgo teórico; está bien establecida en trabajadores expuestos. La cuestión no resuelta es dónde se sitúa realmente el umbral crónico bajo.
Ahora los investigadores evalúan si la exposición prolongada a niveles bajos, también a través de la dieta y del aire interior, podría contribuir a enfermedades neurodegenerativas que afectan al sistema nervioso central. Los datos de laboratorio muestran que los metabolitos del hexano pueden alterar los axones, las prolongaciones largas que permiten a las neuronas comunicarse. El daño en este punto puede ir deteriorando lentamente circuitos neuronales completos.
Los estudios poblacionales siguen siendo escasos y a menudo imprecisos. La exposición suele venir como una mezcla de disolventes, pesticidas y metales. Aun así, varios estudios de casos y controles apuntan a tasas más altas de Parkinson entre personas con largas carreras en agricultura, procesado de alimentos, imprenta o fabricación, donde el uso de disolventes está extendido.
Para especialistas como Devos, estas pistas convergentes justifican un giro hacia la precaución, sobre todo cuando ya existen alternativas más seguras. Subrayan que el cerebro envejece durante décadas y que pequeños impactos repetidos podrían acumularse hasta convertirse en un riesgo significativo.
Cómo se cuela el hexano en la vida diaria
De la semilla al lineal
La mayoría de los consumidores nunca oye hablar del hexano cuando compra una botella barata de aceite vegetal o margarina. Las etiquetas solo mencionan “aceites vegetales” o semillas concretas. La ruta industrial detrás de estos productos suele seguir el mismo patrón:
- Las semillas llegan a una planta de trituración y se prensan mecánicamente.
- La torta restante de semillas todavía contiene una gran cantidad de grasa.
- El hexano lava esta torta para extraer aceite adicional.
- El disolvente se calienta, se recupera y se reutiliza; quedan trazas residuales en el aceite crudo.
- El refinado, la desodorización y el embotellado completan el proceso.
La normativa suele fijar residuos máximos permitidos de hexano en aceites alimentarios. Los controles miden los niveles en muestras aleatorias, pero la frecuencia de las pruebas y la transparencia de los resultados varían según el país. Los consumidores rara vez ven esta información.
Otras fuentes discretas de exposición
Más allá de la alimentación, el hexano aparece en pegamentos, aerosoles, fabricación de calzado, acabado de muebles y algunos productos de limpieza. Las personas pueden inhalar vapores en el trabajo o en casa, especialmente en espacios pequeños y cerrados con ventilación limitada.
| Contexto | Uso típico del hexano | Vía principal de exposición |
|---|---|---|
| Producción de aceite comestible | Disolvente para la extracción de aceite de semillas | Residuos en aceites y alimentos procesados |
| Fabricación industrial | Adhesivos, desengrasado, formulaciones | Inhalación en lugares de trabajo |
| Productos domésticos | Algunos sprays, colas, productos de bricolaje | Aire interior y contacto cutáneo |
Cada una de estas fuentes puede ser relativamente modesta por sí sola. Combinadas, pueden formar una exposición de fondo que la regulación actual subestima, especialmente en personas con otros factores de riesgo como pesticidas o metales pesados.
Llamamientos a eliminar progresivamente el hexano de la cadena alimentaria
En los últimos meses, ha resurgido la atención mediática en Francia y en otros lugares, a medida que neurólogos, toxicólogos y grupos medioambientales presionan para eliminar progresivamente el hexano en la agroalimentación. En un artículo de opinión ampliamente citado, Devos y sus colegas instaron a los gobiernos a tratar este disolvente como un factor de riesgo prevenible para las enfermedades cerebrales, no solo como un detalle industrial.
Para los clínicos en primera línea del Parkinson y otros trastornos neurodegenerativos, recortar exposiciones neurotóxicas evitables se ha convertido en una forma de medicina preventiva.
Los defensores sostienen que las tecnologías de prensado mecánico ya pueden abastecer una parte importante del mercado de aceites vegetales. El rendimiento por tonelada de semillas disminuye algo, pero el producto final suele tener un perfil nutricional mejor y un proceso más corto y transparente. También señalan la creciente demanda de etiquetas como “primera presión en frío” o “prensado por expeller”, que normalmente indican un procesado sin disolventes.
Los grupos industriales replican que una prohibición rápida podría elevar los precios, perjudicar la competitividad exportadora y tensionar las cadenas de suministro de alimentos procesados, desde galletas hasta análogos vegetales de la carne. Piden a los reguladores que esperen a estudios epidemiológicos más concluyentes antes de imponer cambios costosos.
El debate político se sitúa en la intersección entre salud, comercio y política climática. Una mayor extracción basada en disolventes permite maximizar el rendimiento de aceite por hectárea, lo que encaja con la economía agraria actual. Sin embargo, reducir insumos petroquímicos se alinea con estrategias más amplias para descarbonizar los sistemas alimentarios y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Qué pueden hacer ya los consumidores
Mientras los legisladores discuten y los investigadores reúnen datos, las personas todavía tienen formas de reducir la exposición potencial sin dar un vuelco a su dieta. Ninguno de estos pasos promete una seguridad perfecta, pero tienden a alejar el consumo de productos muy procesados y dependientes de disolventes.
- Priorizar aceites prensados mecánicamente o “de primera presión en frío” cuando el presupuesto lo permita.
- Cocinar más a menudo con alimentos integrales en lugar de ultraprocesados ricos en grasas refinadas baratas.
- Ventilar cocinas y espacios de trabajo, especialmente al usar sprays o adhesivos fuertes.
- Limitar el uso en interiores de productos de bricolaje con disolventes, o utilizar equipos de protección.
- Prestar atención a las normas de salud laboral en trabajos que dependen de disolventes.
Estos hábitos no solo reducen la exposición teórica al hexano; también se alinean con recomendaciones más amplias para la salud metabólica y cardiovascular, que a su vez influyen en el envejecimiento cerebral.
Por qué el riesgo neurodegenerativo va más allá de un solo disolvente
Centrarse solo en el hexano puede parecer estrecho. Los especialistas repiten que el Parkinson, el alzhéimer y enfermedades relacionadas rara vez proceden de una única causa. La genética, la contaminación del aire, los pesticidas, los traumatismos craneales, el estilo de vida y el envejecimiento interactúan. Sin embargo, los disolventes pertenecen a una categoría de factores controlables que las políticas públicas pueden abordar relativamente rápido.
Cuando los investigadores modelizan escenarios de salud pública, a menudo prueban qué ocurriría si las sociedades eliminaran varios riesgos ambientales a la vez. Reducir la exposición a un conjunto de sustancias que afectan a las neuronas, en lugar de esperar una prueba definitiva contra cada una por separado, podría desplazar la curva de la enfermedad durante las próximas dos o tres décadas.
Este enfoque se apoya en el concepto de carga acumulativa. Un cerebro expuesto a dosis bajas de varios agentes neurotóxicos -disolventes, metales pesados, pesticidas- puede superar un umbral crítico antes que un cerebro que se enfrente a un solo agente de forma aislada. Esa perspectiva anima a los reguladores a considerar restricciones por grupos y un seguimiento a más largo plazo de las poblaciones expuestas.
Por ahora, los debates sobre el hexano sirven como una prueba concreta: ¿cuánta incertidumbre están dispuestos a aceptar los gobiernos cuando existe evidencia de neurotoxicidad, pero los datos precisos a largo plazo sobre la población general siguen yendo por detrás? La respuesta moldeará tanto las prácticas de la industria alimentaria como la salud neurológica de las sociedades envejecidas del mañana.
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