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Encuesta a 2.400 profesores de educación física: “Nuestros alumnos carecen de resistencia y fuerza”

Jóvenes entrenando en un gimnasio, usando cuerdas de batalla y supervisados por un instructor.

Detrás del ruido de la vida escolar cotidiana, los cuerpos se están ralentizando en silencio.

Del patio de recreo a la pista de atletismo, el profesorado de Educación Física (EF) de toda Francia dice lo mismo: su alumnado se cansa rápido, le cuesta correr y carece de fuerza muscular básica. Una nueva encuesta nacional a 2.400 docentes de EF arroja luz sobre lo que le está pasando a la forma física de los adolescentes, por qué a los centros les cuesta reaccionar y qué soluciones podrían funcionar de verdad.

El declive oculto de la forma física del alumnado

En las dos últimas décadas, el rendimiento del alumnado francés en una prueba estándar de resistencia -el test de ida y vuelta de 20 metros- ha caído alrededor de un 18% entre 1999 y 2022. La prueba, a veces apodada «beep test», mide la resistencia cardiorrespiratoria, un predictor clave de la salud futura.

Esas cifras coinciden con lo que el profesorado percibe sobre el terreno. En la encuesta, el 91% del profesorado de EF afirmó que la resistencia de su alumnado ha disminuido en los últimos 20 años. Dos tercios, el 66%, creen que su alumnado también ha perdido fuerza muscular.

Según miles de docentes, ahora aparecen lesiones, falta de aire y fatiga precoz en clases de EF que antes parecían rutinarias.

Más del 90% de las personas encuestadas sabe que una buena condición cardiorrespiratoria y la fuerza muscular se asocian a una mejor salud física. Sin embargo, muchas admiten que les cuesta convertir ese conocimiento en práctica diaria en el centro. Se acumulan objetivos, se reducen horarios y el trabajo de condición física a menudo acaba como una meta secundaria en lugar de una prioridad central.

Por qué el trabajo de condición física rara vez es lo primero en EF

Casi la mitad del profesorado encuestado -el 47%- considera que los currículos nacionales de EF no dan una prioridad clara a la resistencia y a la fuerza. En su lugar, deben compaginar múltiples fines: técnica deportiva, trabajo en equipo, seguridad, criterios de evaluación y ahora educación para la salud.

Diseñar sesiones eficaces es complejo, porque las clases distan mucho de ser homogéneas. En un mismo grupo, un docente debe manejar:

  • Niveles muy diferentes de resistencia y fuerza
  • Distintas etapas de crecimiento y maduración, especialmente en torno a la pubertad
  • Motivaciones y miedos contrapuestos ante el esfuerzo físico

Algunos adolescentes quieren competición. Otros solo esperan no acabar los últimos. Algunos buscan sensaciones fuertes; otros se sienten ansiosos ante la idea de que les miren mientras corren o saltan. Un mismo ejercicio puede activar a un alumno y bloquear por completo a otro.

El mismo ejercicio de carrera puede vivirse como un reto divertido para un adolescente y como una humillación pública para otro.

Esa tensión está en el centro de la crisis actual: los centros necesitan elevar los niveles de forma física de todos, pero deben hacerlo de un modo que no expulse al alumnado con menos confianza o menos activo.

Actividades híbridas: hacer que el esfuerzo se sienta como un juego

Dejar que el alumnado elija su propio reto

Muchos docentes de EF en Francia han empezado a utilizar prácticas «híbridas»: actividades que mantienen una estructura común para toda la clase, pero ofrecen metas internas distintas según lo que motive a cada estudiante.

Un ejemplo popular es el «Parkour Gym», una forma escolar de gimnasia artística inspirada en el parkour. El alumnado construye su propio recorrido enlazando varios movimientos acrobáticos, cada uno con un nivel de dificultad diferente. Después intentan completar el recorrido lo más rápido y con la mayor limpieza posible.

En ese mismo planteamiento, el alumnado puede perseguir recompensas muy distintas:

  • Mejorar su tiempo en el recorrido
  • Maximizar la dificultad técnica de sus movimientos
  • Lograr la mejor puntuación combinada (velocidad más dificultad)
  • Dominar un movimiento concreto que les parezca impresionante o emocionante

Desde una perspectiva de salud, el Parkour Gym exige estabilidad del core, aterrizajes controlados y despegues potentes. Esos elementos entrenan de forma natural la fuerza muscular y la coordinación, sin presentarlos como un «circuito de fuerza» árido.

Cuando el esfuerzo se envuelve en elección, creatividad y juego, los adolescentes suelen aceptar niveles más altos de intensidad sin darse cuenta de que están entrenando duro.

Convertir el placer y el malestar en auténticos temas de enseñanza

La encuesta también apunta al papel del placer y del malestar en los hábitos a largo plazo. Si el alumnado asocia siempre correr con jadear y sentirse juzgado, es poco probable que siga corriendo fuera del centro. Algunos equipos franceses ahora hablan explícitamente de esas sensaciones en clase: cómo se siente una «buena fatiga», cómo cambia la respiración, cómo dosificar para que el malestar sea asumible.

Este tipo de conversación puede parecer pequeña, pero puede cambiar cómo el alumnado interpreta el esfuerzo: de «se me da mal» a «mi cuerpo está trabajando y puede adaptarse». Ese cambio mental importa cuando el objetivo es crear hábitos para toda la vida.

Intentar recuperar tiempo para el movimiento

Demasiadas ambiciones, muy pocas horas

Un obstáculo importante, según el profesorado, es la simple falta de tiempo. En los liceos generales y tecnológicos de Francia, la EF suele representar alrededor de dos horas por semana. En ese breve margen, el profesorado debe cubrir varios objetivos amplios del currículo, no solo la condición física.

Muchas personas de la profesión defienden más tiempo obligatorio de EF. Algunas también proponen «programas de apoyo en EF» para el alumnado con dificultades específicas con el movimiento, a imagen de lo que ya hacen los centros con el refuerzo de lectura o matemáticas.

Usar mejor las estructuras existentes

Algunos cambios son posibles sin nuevos presupuestos. Prácticamente todos los centros de secundaria franceses tienen una asociación deportiva gestionada por el profesorado de EF, que ofrece actividades voluntarias fuera de las clases. La participación es variable, pero la encuesta sugiere margen para un uso más amplio, especialmente entre adolescentes menos activos.

Otras iniciativas ajustan cómo se organizan los grupos. En un colegio de Rennes, tres docentes de EF trabajan a la vez con dos clases. Dividen al alumnado en grupos más pequeños según necesidades y se centran en una cualidad física con cada grupo: resistencia, velocidad, resistencia a la fuerza, coordinación o equilibrio. Este planteamiento más dirigido permite una enseñanza más personalizada sin abandonar el horario habitual.

En la región de Limoges, algunos centros han creado secciones de «Deporte-Salud». Aquí, los rankings de rendimiento ceden el paso a objetivos vinculados al bienestar físico, psicológico y social. El alumnado ayuda a gestionar sus propios niveles de actividad, aprende a registrar cómo el movimiento afecta al sueño y al estado de ánimo, y experimenta con varios tipos de ejercicio.

Estas secciones deporte-salud tratan la EF menos como un filtro de talento y más como educación básica para la salud: enseñar a los adolescentes a vivir en sus cuerpos.

Los comentarios de esos programas sugieren que destacar pequeños logros, proteger la autoestima y diversificar actividades puede reactivar el interés entre alumnado que antes temía la EF.

Tejer resistencia y fuerza en cada lección

Los resultados de la encuesta sugieren que integrar más trabajo específico de resistencia y fuerza en las sesiones regulares marcaría una diferencia. En lugar de crear «unidades de fitness» separadas que a muchos estudiantes no les gustan, el profesorado puede ajustar la intensidad dentro de las actividades ya existentes.

Algunos ejemplos:

  • Usar juegos en espacios reducidos en deportes de equipo para aumentar el volumen de carrera y la frecuencia cardiaca
  • Convertir los calentamientos en minientrenamientos estructurados con ejercicios sencillos de fuerza
  • Series cortas e intermitentes de alta intensidad con periodos de recuperación claros
  • Trabajo técnico realizado con fatiga ligera para imitar condiciones reales de juego

La resistencia cardiorrespiratoria y la fuerza muscular responden bien a mejoras constantes y moderadas a largo plazo. Desde el inicio de la ESO hasta el final del Bachillerato, estas cualidades pueden progresar de forma sostenida si las clases van elevando poco a poco la intensidad y la frecuencia.

Pruebas físicas: de examen temido a espejo útil

Las pruebas siguen siendo irregulares. En torno al 60% del profesorado dice que realiza al menos una prueba de resistencia al año con sus clases. En cuanto a la fuerza, solo el 14% hace una prueba anual, y el 63% no evalúa la fuerza muscular en absoluto durante la escolaridad del alumnado en su centro.

Francia carece de una batería nacional de pruebas de referencia o de una base de datos central para seguir la forma física infantil. En cambio, programas como Fitnessgram en Estados Unidos, Youth-Fit en Irlanda o Slofit en Eslovenia proporcionan protocolos estructurados y valores de referencia específicos por edad y sexo.

Las pruebas repetidas, cuando se plantean en torno al progreso personal y no a los rankings, pueden ayudar a que los adolescentes vean sus cuerpos como adaptables, y no como «buenos» o «malos».

Bien utilizadas, las pruebas físicas pueden servir para varias cosas a la vez: monitorizar tendencias de salud pública, orientar la enseñanza y empoderar al alumnado con retroalimentación concreta sobre cómo sus hábitos afectan a sus capacidades.

Aspecto Situación actual en Francia Ejemplos del extranjero
Protocolo nacional de pruebas No hay un estándar unificado Fitnessgram, Youth-Fit, Slofit
Base de datos de resultados del alumnado Solo datos locales, fragmentados Seguimiento longitudinal centralizado
Uso principal de las pruebas Evaluación ocasional, a menudo para calificar Monitorización de salud y feedback, herramienta educativa

El profesorado pide una formación más sólida sobre los vínculos con la salud

La mayoría de las personas encuestadas dice estar razonablemente bien formada para desarrollar y evaluar la resistencia. Aproximadamente el 80% se siente cómodo evaluando y mejorando la condición cardiorrespiratoria. La confianza cae con fuerza cuando se trata de la fuerza: solo el 49% se siente formado para evaluarla y el 58% para desarrollarla.

La brecha de conocimiento es aún más clara en lo relativo a la salud a largo plazo. La investigación vincula con fuerza la capacidad aeróbica y la fuerza muscular en la juventud con el riesgo cardiovascular futuro y la esperanza de vida global. Sin embargo, solo el 41% del profesorado encuestado conoce el vínculo entre resistencia y enfermedad cardiaca, y apenas el 22% es consciente del vínculo entre fuerza y riesgo cardiovascular.

Cuando el profesorado no conoce plenamente hasta qué punto la forma física en la adolescencia condiciona la salud adulta, le resulta más difícil justificar decisiones duras sobre horarios y prioridades.

La formación continua en fisiología del ejercicio, entrenamiento de fuerza en jóvenes y cambio de conducta podría dar al profesorado de EF más herramientas para defender cambios dentro de los centros y para diseñar sesiones diarias más eficaces.

Más allá de Francia: lo que esta señal de alarma significa para otros países

Aunque esta encuesta se centra en Francia, muchos países ricos muestran patrones similares: más tiempo de pantalla, más tiempo sentados, menos juego al aire libre independiente y EF obligatoria limitada. Los datos franceses, con su caída del 18% en rendimiento de resistencia, actúan como una señal de alarma concreta más que como un miedo abstracto.

Para quienes diseñan políticas, esto plantea preguntas difíciles. ¿En qué momento el descenso de la forma física juvenil se convierte en una prioridad nacional de salud? ¿Cómo deben compartir la responsabilidad los ministerios de Educación y Sanidad? ¿Y qué políticas -más horas de EF, incentivos para ir al centro de forma activa, apoyo a alianzas entre centros y clubes- ofrecen mayor retorno por coste?

Para las familias y los jóvenes, el mensaje es más personal. La resistencia cardiorrespiratoria y la fuerza no son solo «habilidades deportivas». Afectan a la tensión arterial, la salud mental, la concentración académica y el riesgo a largo plazo de cardiopatías o diabetes. Ayudan rutinas sencillas: desplazamientos activos al centro cuando sea seguro, ejercicios de fuerza con el propio peso en casa o actividades familiares que suban la frecuencia cardiaca unas cuantas veces por semana.

Para los centros, esta experiencia francesa aporta ideas concretas que otros pueden adaptar: actividades híbridas que respeten motivaciones diferentes, organización en pequeños grupos para trabajo dirigido, secciones deporte-salud centradas en el bienestar y pruebas periódicas de forma física no estigmatizantes como herramientas de feedback, no como veredictos sobre el talento.

La encuesta a esos 2.400 docentes de EF captura un momento en el que la brecha entre lo que los cuerpos necesitan y lo que los sistemas escolares ofrecen se ha vuelto demasiado grande como para ignorarla. Que los países traten la EF como un añadido de horario o como una base de salud pública a largo plazo determinará no solo boletines de notas, sino también ingresos hospitalarios, durante décadas.

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