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Este es el mejor momento de tu vida, según este psicólogo.

Joven escribiendo en un cuaderno en una mesa con café y plantas, junto a una hoja con círculos de colores.

Mucha gente persigue una edad de oro de la felicidad, imaginando que está en los recuerdos de la infancia o en algún éxito futuro impreciso.

Sin embargo, cada vez más psicólogos sostienen que la etapa más feliz de la vida tiene mucho menos que ver con la edad que con un punto de inflexión mental. Un momento en el que algo encaja, las quejas se desvanecen y el día a día deja de sentirse como una sala de espera para la “verdadera” felicidad.

La respuesta sorprendente: la felicidad es un hito mental, no un cumpleaños

El psicólogo español Rafael Santandreu sostiene que el “mejor momento” de la vida no son los primeros veinte, la jubilación ni el día en que por fin terminas de pagar la hipoteca. Para él, el punto de giro llega cuando una persona decide empezar a pensar de otra manera.

La mejor etapa de la vida empieza cuando dejas de ensayar problemas en tu cabeza y empiezas a darte cuenta de lo que ya está yendo bien.

En un vídeo que ha atraído a una gran audiencia en redes sociales, Santandreu explica que la etapa más plena comienza cuando alguien:

  • Deja de quejarse como hábito diario.
  • Cuestiona la idea de que la felicidad está en el dinero, el estatus o los momentos “instagrameables”.
  • Entrena su mente para prestar atención a las cosas pequeñas y corrientes que ya le rodean.

Describe este cambio como una especie de reeducación mental. En lugar de escanear la vida en busca de lo que falta, el cerebro empieza a escanear lo que está presente. Este cambio, repetido cada día con cierta intensidad, va remodelando poco a poco cómo se siente una persona respecto a toda su existencia.

Según su visión, es entonces cuando la vida a menudo se vuelve más vívida que la infancia y emocionalmente más rica que la adolescencia, llena de incertidumbre y comparación.

Por qué perseguir la felicidad hace que se aleje

Una de las paradojas que señalan terapeutas, filósofos e investigadores es que cuanto más cazamos la felicidad como objetivo, más frágil se vuelve. Cuando la gente dice “seré feliz cuando…”, suele empujar la satisfacción hacia el futuro, donde sigue quedando fuera de alcance.

Los psicólogos ven este patrón cada día en consulta. Llega un ascenso, empieza una relación, por fin ocurre una compra muy esperada. Aparece el alivio durante un tiempo, luego vuelve la normalidad y el cerebro se adapta rápidamente. Este proceso, llamado adaptación hedónica, hace que los picos emocionales duren poco.

El mensaje de Santandreu va a contracorriente de esa dinámica. Sugiere que la verdadera satisfacción aparece cuando dejas de intentar “ganarte” la felicidad y, en su lugar, ajustas la forma en que te relacionas con el momento presente.

Cuando dejas de correr detrás de una vida perfecta, tu vida actual empieza a parecer mucho mejor de lo que esperabas.

Esto no significa ignorar los problemas ni fingir que todo va bien. Significa trabajar en las dificultades sin posponer el derecho a sentir alegría hasta que todo encaje.

El poder del momento presente, de la terapia al zen

Este énfasis en el presente recuerda con fuerza la obra del monje zen vietnamita Thích Nhất Hạnh, cuyo libro El milagro de la atención plena influyó tanto en comunidades espirituales como en profesionales de la salud mental.

Su mensaje es radicalmente sencillo: los detalles ordinarios de un día ya contienen muchas fuentes de felicidad. Despertarse y darse cuenta de que tienes un día más para vivir. Tomar té siendo consciente de su calor. Oír reír a un niño en la habitación de al lado. No son notas al pie de la “vida real”; son la vida misma.

Las terapias basadas en mindfulness, hoy ampliamente utilizadas para tratar la ansiedad y la depresión, beben de este enfoque. Entrenan a las personas para llevar la atención de vuelta, una y otra vez, a lo que sienten y ven ahora mismo, en lugar de vivir solo en el arrepentimiento o la anticipación.

Tres pequeños ejercicios para poner a prueba esta idea

Quien quiera comprobar si esta perspectiva funciona en la práctica puede empezar con acciones diarias muy breves:

  • Reinicio de atención de un minuto: haz una pausa durante el día y concéntrate solo en tu respiración y sensaciones físicas durante 60 segundos.
  • Descripción de gratitud: apunta un detalle concreto que hayas apreciado hoy (el olor del café, un mensaje de un amigo, un trayecto tranquilo).
  • Intercambio de queja: cada vez que te sorprendas quejándote por dentro, añade una cosa que esté yendo razonablemente bien.

Ninguna de estas prácticas borra el sufrimiento real. Simplemente le dan al cerebro material alternativo con el que trabajar, lo que puede suavizar la sensación de que la vida es solo una secuencia de presiones.

Lo que realmente encontró el estudio más largo sobre la felicidad

Mientras Santandreu se centra en la mentalidad, la investigación a largo plazo de la Universidad de Harvard añade otra pieza al puzle. El Harvard Study of Adult Development, que ha seguido a generaciones de participantes durante más de ocho décadas, sugiere que la calidad de nuestras relaciones predice la felicidad y la salud a largo plazo mejor que el dinero, la clase social o incluso algunos marcadores médicos.

Las personas que se sentían genuinamente apoyadas en sus relaciones tendían a vivir más, referían menos dolor y gestionaban el estrés con más facilidad.

Robert Waldinger, psiquiatra y director actual del estudio, describe las buenas relaciones como una especie de amortiguador emocional. Cuando la vida se vuelve caótica, quienes pueden llamar a un amigo, apoyarse en una pareja o sentirse parte de una comunidad suelen sufrir menos ante los mismos acontecimientos externos.

Factor Impulso a corto plazo Efecto a largo plazo en el bienestar
Aumento de ingresos A menudo fuerte Se estabiliza pronto tras cubrir necesidades básicas
Salud física Variable Importa, pero no basta por sí sola para predecir la felicidad
Relaciones cercanas A veces sutil Vinculadas de forma consistente a mayor satisfacción vital
Hábitos mentales (gratitud, presencia) Moderado Moldea cómo se sienten todos los demás factores

El aislamiento, en cambio, a menudo actúa como un amplificador silencioso del estrés. La gente puede parecer que lo lleva bien por fuera, pero sus cuerpos muestran niveles más altos de estrés crónico y su resiliencia emocional disminuye con el tiempo.

Entonces, ¿cuándo empieza el “mejor momento”?

Uniendo estas ideas, la etapa más feliz de la vida no aparece automáticamente cuando las circunstancias externas parecen ideales. Alguien puede tener un trabajo estable, una casa cómoda y buena salud, y aun así sentirse inquieto, aburrido o permanentemente al límite.

El cambio suele llegar cuando ocurren a la vez tres movimientos:

  • La mente deja de aplazar la felicidad a una versión futura de la vida.
  • La atención se dirige a pequeñas experiencias presentes que antes se ignoraban.
  • Se invierte tiempo y energía en construir y mantener unas pocas relaciones sólidas y honestas.

Esto puede ocurrir a los 18, a los 40 o a los 75. La edad trae ciertos desafíos y ventajas, pero el hábito central -cómo te relacionas con cada día- sigue estando disponible en casi cualquier etapa, siempre que la salud y las circunstancias permitan algo de flexibilidad emocional.

Formas prácticas de empujar tu vida hacia esa etapa

Si esto suena abstracto, puede ayudar plantearlo como un experimento más que como un cambio de personalidad. Durante unas semanas, podrías:

  • Programar momentos cortos y regulares con la gente que te importa, en lugar de esperar a “cuando todo se calme”.
  • Poner un límite diario al tiempo de “scroll” en redes sociales y usar esos minutos liberados para pasear o hacer una llamada.
  • Llevar una libreta pequeña donde anotes una cosa que haya hecho que el día mereciera la pena, incluso en días malos.
  • Observar cómo te hablas a ti mismo y reducir suavemente la autocrítica dura, que a menudo corroe la alegría.

Estos pasos no garantizan felicidad constante. La vida seguirá trayendo enfermedad, pérdidas y preocupación. Aun así, quienes adoptan estos hábitos suelen describir su vida como más plena y con más sentido, incluso cuando las circunstancias distan de ser perfectas.

Enfoques adicionales: riesgos, beneficios y una visión más amplia de la felicidad

Existe un riesgo al tratar la felicidad como un deber personal. Algunos lectores pueden sentirse culpables por no lograr sentirse agradecidos o en paz, especialmente durante una crisis o un trauma. Los psicólogos advierten contra convertir el pensamiento positivo en otra forma de presión. A veces la tristeza o la rabia simplemente reflejan la realidad, y apartarlas demasiado rápido puede salir mal.

El beneficio del enfoque de Santandreu y de los hallazgos de Harvard no está en forzar la alegría, sino en ampliar el abanico de herramientas disponibles. Una persona con enfermedad crónica, ingresos limitados o grandes responsabilidades puede seguir ganando algo al notar pequeñas alegrías diarias y fortalecer una o dos relaciones fiables, aunque persistan problemas estructurales importantes.

La investigación sobre la felicidad también sugiere un factor a menudo pasado por alto: la contribución. Muchas personas refieren una satisfacción más serena cuando se sienten útiles para alguien, ya sea a través de la crianza, el voluntariado, la mentoría o, simplemente, siendo el amigo que está presente. No requiere perfección ni grandes gestos; la constancia importa más que la magnitud.

Para quien se pregunte si sus días más felices ya quedaron atrás, el conjunto actual de la psicología sugiere otra historia: el capítulo más significativo suele empezar cuando dejas de preguntar “¿Qué le falta a mi vida?” y empiezas a preguntar “¿Cómo puedo relacionarme de otra manera con la vida que ya tengo y con las personas que hay en ella?”. Esa pregunta puede convertir silenciosamente un martes cualquiera en el inicio de una nueva etapa.

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