On la conocemos sobre todo por calmar un estómago ácido o hacer subir un bizcocho.
Sin embargo, desde hace unos meses, otro rumor crece en los baños: el bicarbonato de sodio se habría convertido en el arma secreta contra las arrugas y las ojeras. En TikTok se ven dedos hundiéndose en un pequeño cuenco blanco, rostros cubriéndose con una pasta beige y testimonios entusiastas desfilando. Entre dos vídeos de antes/después, las esteticistas aún dudan entre arquear una ceja y una auténtica curiosidad profesional. ¿Es un nuevo gadget de belleza que pasará tan rápido como llegó, o un truco inteligente para rescatar de las recetas de la abuela? Una cosa es segura: este pequeño paquete de polvo blanco ya no deja indiferente a nadie.
Un ingrediente de cocina que pretende alisar la piel y aclarar las ojeras. ¿En serio?
Bicarbonato, el producto de la alacena que se cuela en el baño
La primera vez que un facialista londinense me habló del bicarbonato para las ojeras, pensé que era una broma. En su consulta luminosa de Marylebone, rodeado de sérums a 120 £ la botella, me enseñó una cajita de baking soda comprada en el supermercado de la esquina. Echa una pizca en la mano, añade un poco de agua y crea una pasta ligera. Sobre su propia piel, da toquecitos bajo el ojo, como para demostrar que no me vende humo, solo una experiencia. La escena tenía algo de absurdo… y, sin embargo, era terriblemente reveladora de nuestra época.
Porque detrás de ese gesto se esconde un cansancio colectivo de las promesas de marketing. Entre cremas antiedad con nombres científicos impronunciables y mascarillas nocturnas con polvo de diamante, la idea de usar un producto simple, barato, casi banal, resulta reconfortante. Todos hemos vivido ese momento de mirarnos al espejo tras una noche corta preguntándonos qué ponernos para “salvar” la cara. El bicarbonato, en cambio, no promete nada en un envase dorado. Se limita a estar ahí, silencioso, en el armario.
Y aun así, los testimonios se multiplican. Influencers de belleza juran que una pasta fina de bicarbonato, dejada unos minutos alrededor de los ojos, aclara las ojeras azuladas. Mujeres de 40, 50, 60 años escriben en foros que vieron sus líneas de expresión parecer menos marcadas, como si la piel ganara suavidad. Las esteticistas, algo reservadas, reconocen de todos modos una cosa: “El bicarbonato es ligeramente abrasivo. En algunas pieles crea un efecto exfoliante muy suave que da de inmediato ese aspecto más fresco”. Entre entusiasmo y prudencia, el debate se instala.
Por qué el bicarbonato intriga tanto a los especialistas en belleza
Para entender por qué profesionales se interesan de repente por este producto ultrabásico, hay que mirar la piel como la miran ellos. El baking soda, o bicarbonato de sodio, es un polvo alcalino muy fino. En la piel, usado con delicadeza, actúa un poco como un microexfoliante casero. Las células muertas se desprenden con más facilidad, la superficie parece más lisa y la luz se refleja mejor. Resultado: las pequeñas sombras en las líneas finas se notan menos, las ojeras hundidas llaman un poco menos la atención.
Una esteticista parisina me contaba hace poco el caso de una clienta de 48 años, agotada por viajes profesionales semanales en avión. Ojos hinchados, ojeras violáceas, líneas profundas en el ángulo del párpado. Tras probar sin éxito una carísima crema “reparadora”, se pasó a los trucos caseros. Mezcla de bicarbonato y agua, compresa fría, aplicación breve. Al cabo de varias semanas, las fotos tomadas por la profesional muestran una diferencia sutil pero real: menos gris alrededor de los ojos, piel algo más uniforme. No una transformación hollywoodiense, pero sí un rostro que por fin parece descansado.
Los dermatólogos, por su parte, matizan mucho: el bicarbonato no “elimina” las arrugas, no borra un hundimiento anatómico ni una pigmentación profunda. Al actuar sobre la textura superficial, da un efecto de nitidez, casi como si se limpiara un cristal empañado. La magia aparente viene sobre todo del contraste antes/después y de nuestra mirada ávida de cambios rápidos. En pieles gruesas y grasas, puede tolerarse de forma puntual. En pieles finas y reactivas, la frontera entre un efecto buena cara y la irritación es estrecha. Ahí es precisamente donde insisten los especialistas: este “remedio milagro” no lo es; es una herramienta más.
Cómo lo usan de verdad los profesionales para arrugas y ojeras
Los expertos que aceptan usar bicarbonato en sus protocolos lo hacen con una precisión casi quirúrgica. Primera regla: nunca se aplica puro y nunca sobre piel ya irritada. Media cucharadita de bicarbonato alimentario (no el de limpieza) en un poco de agua filtrada basta para crear una pasta flexible. Se busca la consistencia de una crema fluida, no de una mascarilla espesa. Esta pasta se aplica con suavidad alrededor de las zonas marcadas, evitando el contacto directo con el ojo, y se deja actuar entre 2 y 4 minutos como máximo.
Tras ese breve tiempo de exposición, llega el gesto crucial: un aclarado abundante con agua tibia, sin frotar. Después, los especialistas recomiendan un cuidado calmante, tipo gel de aloe vera puro o una crema hidratante sencilla, sin perfume. La idea no es raspar la piel, sino ofrecerle un “reset” suave. Para las arrugas de la frente o alrededor de la boca, algunos facialistas proponen añadir una gota de aceite vegetal ligero (jojoba, pepita de uva) a la mezcla, para limitar la sensación de tirantez. De nuevo, hablamos de un uso puntual: una vez por semana como máximo, nunca a diario.
Los errores más frecuentes vienen del exceso de entusiasmo. A veces se leen consejos que sugieren dejarlo toda la noche o frotar con energía para “borrar” las arrugas: un escenario catastrófico para la película hidrolipídica de la piel. La mayoría de quienes se quejan de rojeces, quemazón o tirantez simplemente se pasaron con la cantidad o repitieron el gesto demasiado a menudo. Seamos honestos: casi nadie hace esto todos los días, sin descanso, sin un momento de pereza. Y mejor así. El bicarbonato es un empujoncito, no una nueva rutina que añadir a un calendario ya saturado de skincare. Los profesionales lo repiten: escuchar lo que cuenta la piel, picor tras picor, sigue siendo el mejor guía.
Del lado de los especialistas, el discurso se matiza. Algunos lo ven como un recurso de emergencia; otros, como una curiosidad que hay que manejar con desconfianza.
“Usado con inteligencia, el bicarbonato puede alisar el aspecto de la piel a corto plazo”, explica una dermatóloga afincada en Manchester. “Pero no sustituye a una buena hidratación, una protección solar diaria y, a veces, a la aceptación tranquila de unas cuantas arrugas bien merecidas.”
Para quienes quieran experimentar sin perderse, los profesionales suelen resumir sus consejos en unas reglas simples:
- Empezar con una prueba en una zona pequeña y discreta, una sola vez, y esperar 24 horas.
- Usar bicarbonato alimentario de calidad, en cantidad muy pequeña.
- No aplicar nunca sobre piel lesionada, irritada o después de otro cuidado exfoliante.
- Limitar el tiempo de exposición a unos minutos y aclarar de forma muy generosa.
- Completar siempre con un cuidado hidratante y calmante, sin perfume.
Un “remedio” que dice mucho sobre nuestra relación con el envejecimiento
Lo fascinante en esta historia del bicarbonato va mucho más allá del simple truco de belleza. Hablamos de un producto básico, vendido por unas pocas monedas, que de repente se eleva a la categoría de solución potencial para la angustia de las arrugas y las noches demasiado cortas. Hay algo casi paradójico -y enternecedor- en ver rostros perseguidos por los filtros de Instagram volverse hacia un ingrediente tan humilde. Como si, en el fondo, una parte de nosotros buscara salir del ciclo interminable de novedades y volver a algo más bruto, más directo.
Los especialistas lo ven cada día en cabina: lo que la gente quiere de verdad no es una piel “perfecta”. Es un rostro que diga la verdad sin delatar el cansancio en la primera reunión por Zoom. Una mirada menos apagada, arrugas que se vean más suaves, menos duras. El bicarbonato, con su efecto exfoliante puntual y su aire de “truco de abuela”, encaja varias casillas a la vez: el DIY, el bajo coste, la sensación de recuperar el control sobre la apariencia. Y aunque los resultados sean modestos, la sensación de hacer algo cuenta muchísimo para el ánimo.
A largo plazo, los profesionales recuerdan que la verdadera estrategia anti-ojeras y antiarrugas se juega en otra parte: sueño, gestión del estrés, protección UV, alimentación. El bicarbonato no es el héroe principal, más bien un secundario ingenioso que aparece de vez en cuando. Queda la pregunta que quizá ya te ronda la cabeza: ¿nos atreveremos de verdad a poner sobre la piel el mismo ingrediente que hace subir un bizcocho en el horno, o preferiremos conservar nuestras arrugas como la tarjeta de memoria de una vida bien vivida?
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| Bicarbonato como microexfoliante | Acción alcalina y ligeramente abrasiva que alisa la superficie de la piel | Entender por qué la piel parece más “fresca” tras usarlo |
| Uso puntual y controlado | Aplicación corta, poca cantidad, seguida de un cuidado calmante | Limitar el riesgo de irritación o daño en la barrera cutánea |
| Remedio complementario, no milagroso | Actúa solo sobre el aspecto visual, no sobre la causa profunda de arrugas u ojeras | Ajustar expectativas y evitar decepciones costosas |
FAQ:
- ¿El baking soda borra de verdad las arrugas? No. Puede alisar ligeramente la superficie de la piel y dar la impresión de arrugas menos marcadas, pero no modifica la estructura profunda de la piel.
- ¿Se puede usar todos los días en el contorno de ojos? Los especialistas desaconsejan un uso diario, sobre todo en esta zona tan fina. Una vez por semana, o incluso menos, es una frecuencia más razonable.
- ¿Qué tipo de bicarbonato elegir para la piel? Solo bicarbonato de sodio alimentario, en poca cantidad; nunca el destinado a la limpieza, a menudo más agresivo.
- ¿Qué hacer en caso de rojeces o escozor? Aclarar durante bastante tiempo con agua fresca, suspender el uso de inmediato y aplicar una crema calmante sencilla. Si hay quemazón o irritación intensa, consultar a un profesional sanitario.
- ¿El baking soda sustituye una crema de contorno de ojos? No. Es un complemento eventual y puntual. Una buena hidratación, un cuidado adecuado y la protección solar siguen siendo la base diaria.
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