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Jubilación: buenas noticias para mayores con pensión mensual inferior a 2.500 €; descubre qué cambiará.

Personas mayores revisando documentos en una mesa, junto a una calculadora y una bandera pequeña.

French retirees spent months fearing a fresh tax hit.

Then, almost overnight, a discreet vote in the Senate changed the picture.

Behind this technical tax debate lies something very concrete: how much money lands in retirees’ bank accounts each month. A last‑minute move by senators now shields millions of pensioners with modest or mid‑range incomes, while still asking wealthier seniors to contribute more.

Qué está cambiando realmente para los jubilados franceses

Durante años, las pensiones francesas se han beneficiado de una desgravación fiscal específica. Al igual que los salarios, los ingresos por jubilación aplican una deducción del 10% antes de calcular el impuesto. Esta reducción rebaja la base imponible y, a menudo, evita que las pensiones bajas paguen IRPF.

Tomemos una pensión de 1.800 € al mes, o 21.600 € al año. Con el sistema actual, la deducción del 10% reduce la cantidad imponible a 19.440 €. La factura fiscal baja y, para muchas personas en ese nivel, el pago final sigue siendo moderado.

Ahora el Gobierno quiere replantear este mecanismo. En lugar de un porcentaje, prevé pasar a una deducción fija en euros, la misma cantidad para todo el mundo. En el primer borrador del presupuesto, esa deducción fija se fijó en 2.000 € al año.

Pasar de una deducción porcentual del 10% a una cantidad fija perjudica más a las pensiones medias y altas que a las más bajas.

Con solo 2.000 € deducidos, los jubilados cuya renta imponible superara aproximadamente los 20.000 € al año -unos 1.670 € al mes- se enfrentaban a una mayor factura fiscal. Para algunos, el aumento habría sido acusado, especialmente en grandes ciudades donde las pensiones ya van justas para cubrir vivienda y energía.

La enmienda del Senado: un umbral de protección más alto

Las críticas llegaron rápido, tanto desde la oposición como desde algunos miembros de la mayoría gubernamental. Muchos sostuvieron que la reforma corría el riesgo de castigar a personas que no son ricas en absoluto, solo ligeramente por encima de la pensión media.

El 30 de noviembre, el Senado francés se movió para corregirlo. Los senadores adoptaron una enmienda que eleva la nueva deducción fija de 2.000 a 3.000 € al año. La idea sigue siendo la misma, pero el umbral se desplaza de forma significativa.

Con una deducción fija de 3.000 €, las pensiones por debajo de 2.500 € al mes ya no deberían afrontar ningún impuesto adicional por esta reforma.

Ese cambio modifica la línea clave. En vez de afrontar una subida fiscal a partir de unos 1.670 € al mes, los jubilados solo notarían el impacto desde 2.500 € al mes -es decir, 30.000 € al año-.

¿Quién se beneficia realmente de esta “buena noticia”?

Los ganadores se sitúan claramente en los tramos bajos y medios de la escala de pensiones. Panorama general:

  • Pensión hasta 2.500 € al mes: ningún impuesto adicional debido específicamente a la reforma en el escenario del Senado.
  • Pensión por encima de 2.500 € al mes: subida de impuestos, pero menor que con la deducción original de 2.000 €.
  • Pensiones ya por debajo del umbral del IRPF: situación sin cambios, sin IRPF en ninguno de los casos.

Para los jubilados apenas por encima de 2.500 € al mes, la medida sigue siendo perjudicial. Su factura fiscal sube, pero el ajuste del Senado suaviza claramente el golpe frente a la primera versión del Gobierno.

Un ejemplo concreto: ¿cuánta diferencia hacen 3.000 €?

Para ver cómo se traduce esto en la realidad, consideremos a un jubilado soltero que percibe una pensión mensual de 3.000 €, o 36.000 € al año.

Escenario Regla fiscal Renta imponible Impuesto estimado
Sistema actual Deducción del 10% 36.000 € – 3.600 € = 32.400 € 2.885 €
Plan inicial del Gobierno Deducción fija de 2.000 € 36.000 € – 2.000 € = 34.000 € 3.365 €
Enmienda del Senado Deducción fija de 3.000 € 36.000 € – 3.000 € = 33.000 € Impuesto intermedio, por debajo de 3.365 €

El sistema actual sigue siendo mejor para este perfil: la deducción del 10% genera una base imponible más baja que la cantidad fija de 3.000 €. Aun así, el movimiento del Senado reduce parte de la diferencia. En lugar de un salto pronunciado de 2.885 a alrededor de 3.365 €, el coste adicional queda más contenido, algo importante cuando suben las facturas de energía o los gastos de cuidados.

¿Por qué apuntar ahora a la deducción de las pensiones?

Detrás del lenguaje técnico hay una cuestión muy política: ¿quién debe pagar para sanear las finanzas públicas? Francia quiere reducir su déficit manteniendo el gasto social y la inversión en sectores clave como la sanidad y la educación.

Los jubilados están en el centro de ese debate. Sus ingresos tienden a ser estables y una parte de ellos posee vivienda o activos financieros. Algunos economistas sostienen que los hogares sénior con pensiones holgadas siguen aportando menos que los hogares en edad de trabajar que afrontan impuestos y cotizaciones sociales elevados.

El debate enfrenta dos relatos: el “rentista acomodado” frente al jubilado estrangulado por la inflación y los costes de la vivienda.

Los partidarios de la reforma afirman que simplemente pide a los jubilados con más recursos que asuman una parte mayor de la carga. Los críticos reaccionan con fuerza, señalando a muchos pensionistas que lidian con subidas de alquileres, gastos de comunidad y copagos sanitarios, especialmente en grandes ciudades y regiones turísticas.

Al elevar la deducción fija a 3.000 €, el Senado intenta un equilibrio: proteger las pensiones pequeñas y medias, pero mantener el principio de mayores aportaciones por parte de los ingresos de jubilación más altos.

Una reforma aún en marcha, pero con una dirección clara

El presupuesto de 2026 aún no ha sido aprobado como ley. El texto volverá a la Asamblea Nacional, y una comisión mixta de diputados y senadores puede ajustar los detalles. El panorama todavía puede cambiar en torno a umbrales, redacción técnica o normas transitorias.

Aun así, la señal política parece clara. El ministro francés de Economía, Roland Lescure, acogió públicamente con satisfacción la enmienda del Senado. Ese respaldo aumenta las posibilidades de que la deducción de 3.000 € figure en la versión final de la ley.

Por ahora, los jubilados cuya pensión se mantenga por debajo de 2.500 € al mes pueden respirar más tranquilos. La perspectiva de una subida fiscal generalizada para todas las pensiones se aleja, dejando el foco en los ingresos más altos.

Cómo pueden los jubilados estimar su futura factura fiscal

Aunque la redacción final pueda cambiar ligeramente, los jubilados ya pueden hacer una simulación sencilla para ver dónde se sitúan. Una comprobación aproximada requiere solo tres pasos:

  • Sumar todas las pensiones anuales de regímenes públicos y privados.
  • Restar la deducción fija prevista, actualmente fijada en 3.000 € en la versión del Senado.
  • Aplicar los tramos estándar del IRPF francés según su situación familiar.

Este cálculo aproximado no será perfecto, ya que los tramos y tipos pueden variar cada año. Pero ofrece un orden de magnitud razonable y ayuda a anticipar si la reforma costará dinero o dejará la situación sin cambios.

Los jubilados cuyas pensiones queden justo por encima del umbral de 2.500 € deberían prestar especial atención. Muchos de ellos se arriesgan a una subida moderada del impuesto, que puede no parecer dramática sobre el papel, pero puede erosionar presupuestos ya ajustados, especialmente cuando apoyan a un hijo adulto, ayudan a nietos o pagan un seguro de dependencia.

Puntos clave a vigilar en los próximos años

Este debate encaja en un patrón más amplio: las ventajas fiscales vinculadas a la jubilación en Francia están sometidas a escrutinio de forma recurrente. La deducción del 10% es solo una pieza del puzle. Otras normas también podrían cambiar en el futuro:

  • complementos de pensión relacionados con hijos y cómo se gravan,
  • exenciones parciales de cotizaciones sociales sobre pensiones, como tipos reducidos de CSG,
  • límites para compatibilizar trabajo e ingresos de jubilación,
  • fiscalidad del patrimonio, especialmente sobre inmuebles y carteras financieras.

Los jubilados que puedan permitírselo quizá quieran revisar su estrategia financiera global. Algunos optan por arbitrar entre rentas vitalicias y rescates en forma de capital, ajustar aportaciones a productos de ahorro a largo plazo o planificar donaciones a hijos y nietos con antelación para reducir la presión fiscal futura.

La posibilidad de compatibilizar un empleo a tiempo parcial con una pensión también despierta un interés creciente. Para algunos, un pequeño ingreso adicional ayuda a compensar una mayor factura fiscal o a cubrir gastos imprevistos como adaptaciones del hogar, tratamientos dentales o servicios de apoyo tras una caída o una enfermedad.

Los familiares de las personas mayores también tienen un papel aquí. Entender lo básico de estos cambios fiscales ayuda al acompañar a un progenitor en su declaración anual o al elegir un tipo de retención. Unos pocos cientos de euros más o menos en la factura final pueden inclinar decisiones sobre seguir en la vivienda familiar, mudarse a una residencia asistida o pagar más horas de ayuda a domicilio.

A medida que los legisladores franceses ajustan las normas fiscales en torno a las pensiones, las cifras de la ley pueden parecer abstractas. Sin embargo, para millones de mayores por debajo del umbral de 2.500 €, la enmienda del Senado se siente tangible: deja un poco más de ingresos disponibles cada mes para el alquiler, la comida y la vida cotidiana.

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