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La estrategia de respuesta en entrevistas que usan el 97% de los ejecutivos exitosos: Coach revela cómo mejorar el método STAR.

Hombre con camisa beige hablando con una mujer en una reunión de oficina, con papeles sobre la mesa y planta al fondo.

There is a moment in every job interview when the air changes.

Your palms are a bit damp, the room feels too quiet, and the hiring manager leans forward and asks: «Háblame de una vez en la que tú…». De repente ya no eres un profesional curtido con años de experiencia. Eres un estudiante en pánico en un examen para el que olvidaste estudiar, viendo cómo tus logros reales se disuelven en frases vagas y atropelladas.

Todos hemos vivido ese momento en el que salimos del edificio o cerramos el portátil y pensamos: «¿Por qué no mencioné ese proyecto? ¿Por qué hablé tanto y dije tan poco?». El aguijón de las oportunidades perdidas dura más de lo que admitimos. Triunfar en una entrevista a menudo parece un talento misterioso con el que algunas personas nacen. Hasta que conoces a alguien que trata las entrevistas como un juego practicado, no como un test de personalidad. Ahí es donde la cosa se pone interesante.

Porque existe una estrategia de respuesta sencilla, usada en silencio por la gran mayoría de los ejecutivos que tienen éxito. Y el giro es este: no es solo el método STAR que ya has oído mencionar.

El secreto de los ejecutivos que probablemente has oído… pero nunca has usado de verdad

Cuando la coach de carrera Amelia Kerr les dice a sus clientes que el 97% de los ejecutivos a los que entrena usa la misma estrategia para responder en entrevistas, al principio no la creen. Managers, directores, altos ejecutivos del C‑suite… ¿todos apoyándose en la misma estructura básica? Suena demasiado redondo, demasiado de manual, como algo sacado de una presentación de formación corporativa que nadie lee. Sin embargo, después de presenciar decenas de entrevistas de alto nivel, siguió viendo el mismo patrón.

«No improvisan», me dijo tomando un café en una cafetería ruidosa de Londres, con cucharillas chocando contra las tazas a nuestro alrededor. «Nunca entran a ver “qué tal sale”. Entran con historias cargadas, enmarcadas y listas». Esas historias casi siempre siguen STAR: Situación, Tarea, Acción, Resultado. Seguramente lo has visto en algún PDF polvoriento de RR. HH. Incluso puede que lo intentaras usar una o dos veces, cuando te acordaste a mitad de respuesta.

La diferencia es que los ejecutivos no tratan STAR como una sugerencia. Construyen toda su identidad en la entrevista alrededor de ello. Sus historias no son accidentales; están tan ensayadas que suenan naturales. ¿La ironía? La mayoría de candidatos de nivel intermedio conoce STAR, asiente educadamente cuando se menciona y luego lo abandona por completo en cuanto aprieta el estrés.

Por qué tus respuestas «bastante buenas» se quedan planas

Seamos sinceros: la mayoría de la gente no entra en una entrevista totalmente desprevenida. Ojeas tu CV, quizá vuelves a leer la descripción del puesto, apuntas un par de viñetas. Te dices: «Hablaré con honestidad, irá bien». Luego empiezan las preguntas por competencias y tus respuestas honestas empiezan a desviarse: demasiado contexto, poco resultado, ningún hilo claro.

Esa es la verdadera razón por la que existe STAR. No es una moda de RR. HH.; es el esqueleto de tu historia para que el entrevistador no tenga que rebuscar entre el ruido. Situación plantea la escena. Tarea aclara tu papel. Acción muestra lo que hiciste de verdad. Resultado muestra si todo aquello sirvió de algo. Si falta una de esas piezas, tu respuesta de pronto suena un poco… floja.

Amelia dice que el problema más común no es que la gente no sepa lo que hizo. Es que no sabe cómo contarlo de una manera que encaje en la cabeza de otra persona. Van saltando de idea en idea, retroceden en el tiempo, añaden detalles diminutos que no empujan la historia hacia delante. Los candidatos ejecutivos a los que entrena no cuentan respuestas «bastante buenas». Cuentan respuestas tensas y cinematográficas, con un inicio claro, un nudo y un remate.

Aun así, STAR por sí solo, se dio cuenta, no bastaba. Faltaba algo: la pieza que separa a un «buen candidato» de un «fichaje indiscutible». Ahí entra su mejora.

La mejora silenciosa: convertir STAR en una historia imposible de olvidar

Conoce STAR+I: la pieza que la mayoría se salta

Con el tiempo, Amelia empezó a animar a sus clientes a añadir un paso más después de Resultado: Impacto. Lo llama STAR+I. La estructura se convierte en: Situación, Tarea, Acción, Resultado… Impacto. Esa última parte es engañosamente simple: ¿qué cambió para el negocio, el equipo, el cliente o incluso para ti como líder?

Aquí es donde los ejecutivos se ganan la sala en silencio. No se limitan a decir «subieron las ventas» o «el proyecto terminó a tiempo». Dicen lo que eso significó de verdad. El aumento de ventas evitó que recortaran a un equipo pequeño. El proyecto a tiempo abrió la puerta a un nuevo mercado. La conversación difícil con un compañero reconstruyó la confianza para que la siguiente crisis no se descontrolara. El Resultado es «lo que pasó». El Impacto es «por qué importó y quién lo notó».

Es la diferencia entre decir «ahorré 200.000 £ en costes» y «ahorré 200.000 £ en costes, lo que permitió que mantuviéramos el programa de graduados durante un año duro». Uno es una cifra. El otro es una historia sobre personas, supervivencia y decisiones. Los entrevistadores recuerdan las historias mucho más tiempo de lo que recuerdan los números.

A Amelia le gusta decir: «Los resultados impresionan al comité de selección. El impacto hace que les importe». Esa es la mejora. Añade peso emocional sin ponerse emocional. Ya no solo enumeras logros; demuestras que entiendes el sistema más amplio en el que trabajas.

La pista emocional que los ejecutivos no temen usar

Hay otro giro sutil en cómo los líderes senior usan STAR+I: permiten un toque de emoción en sus respuestas. Lo oirás cuando dicen cosas como: «El equipo estaba agotado en ese punto» o «Podía notar que la paciencia del cliente se estaba acabando». No es contar de más; es contexto. Los seres humanos toman decisiones con lógica y con emoción, y los candidatos de nivel ejecutivo lo saben.

Piensa en la última vez que alguien te contó una historia laboral que se te quedó grabada. No eran solo cifras y plazos. Era la tensión en su voz, lo que casi salió mal, el momento de duda. STAR+I deja espacio para eso: una narración nítida, respaldada por datos, con la textura humana justa para que puedas imaginarte la escena.

Por eso Amelia hace que algunos clientes escriban literalmente cómo se sentían las personas de la historia en momentos clave. No para dramatizar, sino para anclar la historia en la realidad. Las entrevistas están llenas de lenguaje pulido y palabros. Una frase simple como «la sala se quedó en silencio cuando presenté la propuesta» atraviesa el ruido y engancha la atención de una forma que una presentación jamás podría.

De divagar a ser afilado como una navaja: cómo se ve STAR+I en la vida real

Antes y después: la misma historia, dos reacciones muy distintas

Una de las clientas de Amelia, una jefa de operaciones de voz suave llamada Priya, acudió a ella después de estrellarse en tres entrevistas seguidas. Sobre el papel, parecía imparable. En persona, se iba por las ramas, se disculpaba por «enrollarse un poco» y minimizaba cada éxito como «una tontería». Sus historias estaban ahí, enterradas bajo disculpas y desvíos.

Toma un ejemplo: una vez en la que mejoró un proceso que iba mal. Antes del coaching, respondía así: hablaba de muchas reuniones, mencionaba unas cuantas hojas de cálculo, decía algo sobre «optimizar cosas» y luego corría hacia el final con: «Así que bueno, al final salió bien». El responsable de contratación probablemente captó la idea, pero no el impacto, no el peso de lo que había hecho.

Después, con STAR+I, la misma historia sonaba completamente distinta. Empezó con la Situación: un almacén concreto que sufría retrasos y quejas a diario. Su Tarea: como jefa de operaciones, era responsable de enderezarlo. Su Acción: tres cosas concretas que hizo - mapear flujos de trabajo, pilotar cambios con un turno, organizar mini‑reuniones de feedback. Su Resultado: una reducción del 28% en los retrasos de entrega en dos meses.

Y luego llegó el Impacto: «Esa caída de los retrasos hizo que nuestro mayor cliente minorista renovara el contrato en vez de marcharse. También devolvió la confianza al equipo. Dejaron de esperar que cada turno fuera un desastre». De repente ya no era solo un proceso; era ingresos, reputación y alivio humano. La misma experiencia, una fuerza nueva.

El sutil cambio de confianza

Hay algo más que ocurre cuando la gente empieza a usar STAR+I de forma consistente. Su confianza deja de ser un deseo y se vuelve sólida. Ya no están esperando a que «les pillen» o cruzando los dedos para que el entrevistador haga la pregunta correcta para poder contar la historia correcta. Entran con cinco o seis historias preparadas, como flechas tensadas.

Amelia les hace elegir temas recurrentes: liderazgo, conflicto, fracaso, resiliencia, cambio. Para cada uno, preparan por adelantado una historia STAR+I, con números cuando sea posible y con textura cuando haga falta. Ensayan en voz alta hasta que la estructura se les queda en el cuerpo. Así, cuando aparece una pregunta con una forma ligeramente distinta, pueden encajar en ella una historia ya lista.

No se trata de sonar robótico. Se trata de tener un camino fiable por el bosque cuando atacan los nervios. Cuando tu cerebro sabe «Situación, Tarea, Acción, Resultado, Impacto», tienes algo a lo que agarrarte. Puedes respirar, hablar y escuchar de verdad, en lugar de buscar frenéticamente la frase perfecta mientras las palabras se atropellan.

La verdad incómoda: la mayoría no hará esto

Aquí va el momento de verdad: casi nadie se prepara a este nivel, aunque todo el mundo diga que lo hará. Leen un artículo sobre STAR, asienten, piensan «lo tendré en cuenta» y vuelven a hacer scroll. Se convencen de que escribir historias completas quedaría falso o excesivo. O simplemente están cansados, lo cual es comprensible. Las entrevistas se suman a trabajos ya exigentes y a mentes ya saturadas.

Los ejecutivos no necesariamente tienen más tiempo. Simplemente tratan las entrevistas como algo demasiado importante como para improvisar. Para ellos, cada movimiento forma parte de un arco de carrera. Una entrevista no es una hora; es una palanca que puede mover los próximos cinco años. Por eso practican. Hacen role‑play con coaches. Repiten la misma historia en el móvil cinco veces hasta que fluye. Y sí, al principio puede resultar raro, como oír tu propia voz en una grabación.

Seamos honestos: nadie hace esto todos los días. Es un trabajo incómodo, enfrentarte a tu propia carrera en voz alta y detectar dónde te vuelves impreciso o dónde esquivas atribuirte el mérito. Pero esa incomodidad es exactamente donde vive el siguiente nivel. Quienes consiguen los puestos grandes rara vez son los más listos de la sala. Son quienes están dispuestos a prepararse de una forma poco glamourosa que otros no hacen.

Amelia me dijo que casi puede predecir quién recibirá ofertas tras un ciclo de coaching. No son los que tienen el CV más brillante. Son los que se sientan de verdad, boli en mano, y convierten sus recuerdos desordenados en historias STAR+I afiladas. Esa es la división silenciosa.

Cómo hacer que STAR+I suene natural, no guionizado

Un miedo común es que usar un marco te haga sonar mecánico. El truco es tratar STAR+I como un andamio, no como un guion. Primero construyes la historia con todo detalle y luego vas quitando, con cuidado, todo lo que no se gana su sitio. Tu objetivo no es memorizar cada palabra; es recordar los golpes: dónde empiezas, la decisión clave, el punto de giro, el resultado y el efecto dominó.

Algunos candidatos incluso dibujan sus historias como diagramas diminutos: una colina para el reto, una flecha para la decisión, una estrella para el resultado, un círculo alrededor del impacto. En papel parece infantil, pero se fija en la memoria. En una entrevista tensa, tu cerebro no quiere párrafos densos; quiere formas simples que pueda seguir.

Otro truco que Amelia usa con clientes tímidos es pedirles que cuenten la misma historia STAR+I de tres maneras: una a un amigo cercano, otra como si se la explicaran a una persona recién incorporada y otra como un breve reportaje. Esto les obliga a mantener la estructura, pero jugar con el tono. En la tercera ronda sucede algo: la rigidez se va, la historia respira y la persona frente a ti suena menos como si estuviera haciendo una audición y más como si simplemente fuera… real.

Si a mitad de entrevista notas que entras en piloto automático o en jerga, STAR+I te da un botón de reinicio. Puedes volver mentalmente: «¿Dónde estaba? Situación y Tarea están claras: ¿he explicado de verdad mi Acción? ¿He mostrado Resultado e Impacto o me he parado demasiado pronto?». Ese checklist interno puede salvar una respuesta que crees haber estropeado a medias.

El momento en que empiezas a ver las entrevistas de otra manera

Cuando empiezas a escuchar STAR+I, lo oyes en todas partes: en historias de guerra en salas de juntas, en charlas TED, incluso en esos posts de LinkedIn humildes‑ocupados que en secreto pasaron por tres borradores. La gente que influye en decisiones rara vez «da una actualización» sin más. Pintan una escena, plantean un problema, nombran su movimiento, muestran lo que pasó y luego se alejan para darle un sentido mayor.

Puede que todavía no seas ejecutivo. Puede que estés atrapado en ese extraño terreno intermedio: con la experiencia suficiente como para querer más, pero aún sintiéndote a veces como el candidato nervioso con las palmas húmedas y el corazón acelerado. Justo ahí es donde marcos como STAR+I se ganan su sitio. Te dan una forma de mostrar al líder que ya eres, antes de que tu cargo lo refleje.

La próxima vez que alguien diga: «Háblame de una vez en la que…», no tienes por qué depender de la suerte o del encanto. Puedes recurrir a una historia que ya ha sido afilada, probada y mejorada en silencio. El aire en la sala seguirá cambiando, pero esta vez notarás cómo se inclina a tu favor.

¿Y lo curioso? Una vez uses STAR+I en una entrevista, puede que te descubras usándolo en tu cabeza mucho después de que termine la reunión… no solo para conseguir un trabajo, sino para ver por fin tu propia carrera como la historia que siempre ha sido.

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