La mujer de la farmacia estaba de pie frente al estante de resfriado y gripe, con los ojos enrojecidos y la cesta ya medio llena.
Espráis nasales, comprimidos, infusiones de hierbas, pastillas para la garganta. Cogió un descongestionante, dudó y luego leyó la advertencia en letra pequeña sobre no usarlo durante demasiado tiempo. Se le veía la derrota en los hombros. Dos pasillos más allá, un hombre con abrigo de lana se frotaba la parte superior de las orejas, despacio, como si intentara exprimir la presión de su propia cabeza. Ni producto, ni receta. Solo sus manos.
Hay un consuelo extraño en la idea de que tu propio cuerpo pueda esconder una especie de «botón secreto» para aliviarte. Sin código de barras. Sin fecha de caducidad. Solo tacto y respiración. Y este masaje de orejas, que lleva menos de 30 segundos, es exactamente ese tipo de rebelión silenciosa contra el pasillo de la farmacia.
Porque a veces, la forma más rápida de despejar la cabeza no viene en una caja.
La miseria silenciosa de la presión sinusal
La presión sinusal no es dramática como una fiebre o un brazo roto. Es una tortura de baja intensidad que te acompaña todo el día. La cara se siente pesada, los ojos escuecen, y la nariz está a la vez taponada y goteando. Te agachas para atarte los cordones y el cráneo late como si estuviera lleno de cemento húmedo.
En un tren abarrotado, cada aviso resuena un poco demasiado fuerte dentro de tu cabeza. En el escritorio, la pantalla parece apenas un poco más brillante, el aire apenas un poco más seco. Respiras por la boca, bebes café templado y finges que estás bien. En el fondo, estás contando las horas hasta poder tumbarte en una habitación oscura y no hacer nada.
Todos hemos tenido ese momento de abrir otro paquete más de medicamento para el resfriado y pensar: ¿de verdad esto está haciendo algo? Te tomas las pastillas, te echas el espray, esperas ese «fuuu» mágico de aire despejado que nunca termina de llegar. La nariz se despeja un poco y luego vuelve a atascarse. Los senos paranasales escuecen. Duermes a trompicones.
Una encuesta de 2022 en el Reino Unido encontró que los adultos que luchaban contra alergias estacionales y resfriados utilizaban, de media, tres productos distintos sin receta al mismo tiempo: espráis nasales, descongestionantes orales, analgésicos. Muchos admitieron que no leían los prospectos del todo. Solo querían que dejara de dolerles la cabeza.
Hay una historia que destaca. Una profesora de Mánchester contaba que alineaba las pastillas en la encimera de la cocina como soldados antes de conducir al trabajo. Sabía que podían provocarle taquicardia y sequedad de boca. Aun así se las tomaba, porque la presión en las mejillas hacía que hablar ante una clase llena de niños fuese casi imposible. Descubrió casi por casualidad un truco de masaje de orejas gracias a un fisioterapeuta y ahora guarda las pastillas «solo para emergencias».
Gran parte de lo que llamamos «presión sinusal» es una mezcla de inflamación de las fosas nasales, drenaje bloqueado y músculos tensos alrededor de la cara y el cuello. Los descongestionantes contraen los vasos sanguíneos para abrir paso, pero no ayudan al flujo linfático, no relajan los músculos tensos y no hacen nada por la sobrecarga del sistema nervioso que acompaña a la incomodidad constante.
La oreja, en cambio, se sitúa en un cruce interesante. Está conectada con el nervio vago, cerca de músculos que influyen en la mandíbula, el cuello y las trompas de Eustaquio. Una presión suave aquí puede estimular el flujo sanguíneo, impulsar el movimiento de líquidos y decirle al sistema nervioso que baje el «modo lucha o huida» que hace que todo se sienta peor.
Aquí es donde entra ese masaje de orejas de 30 segundos: no como magia, no como cura, sino como una palanca de alivio sorprendentemente potente que a la mayoría de la gente nunca le han enseñado.
El masaje de orejas de 30 segundos, paso a paso
Empieza con las manos limpias y calientes. Siéntate erguido, con los hombros relajados y la mandíbula sin apretar. Inspira despacio por la nariz si puedes y suelta el aire por la boca. Lleva el índice y el pulgar a la parte más alta de la oreja, donde el borde exterior empieza a curvarse.
Pellizca suavemente ese borde superior entre los dedos. Ni fuerte, ni con excesiva delicadeza: lo justo para notar el tejido. Ahora desliza los dedos lentamente hacia abajo por el contorno exterior de la oreja, presionando y amasando a medida que avanzas. Imagina que estás planchando un pequeño pliegue. Debería llevarte unos cinco segundos bajar de arriba a abajo.
Cuando llegues al lóbulo, haz un pequeño masaje circular durante dos o tres segundos. Luego tira ligeramente del lóbulo hacia abajo, como si alargaras la oreja. Suelta. Repite todo el movimiento dos veces más en la misma oreja y luego cambia de lado. El ciclo completo debería durar unos 30 segundos.
Hay una variación que a mucha gente le encanta: en vez de deslizar sin más, haz una pausa en tres puntos -arriba, en el centro y justo por encima del lóbulo- y dibuja pequeños círculos con los dedos durante dos segundos en cada parada. Ese contacto lento e intencional parece «despertar» la zona con más profundidad.
Algunas personas aprietan demasiado, casi castigándose las orejas como si la fuerza pudiera expulsar la congestión más rápido. Eso suele salir mal. El objetivo es estimular, no doler. Piensa en persuadir al cuerpo, no en pelearte con él. Si la piel se pone muy roja o molesta, afloja y aligera el contacto.
Otras lo hacen con prisas, como quien marca una casilla: pellizco rápido, deslizamiento veloz, listo. El cerebro apenas registra el contacto y el sistema nervioso no tiene oportunidad de cambiar de marcha. Este masaje funciona mejor cuando tu atención está realmente ahí, en la sensación, aunque solo sea durante medio minuto.
También puede que estés conteniendo la respiración o apretando los dientes sin darte cuenta. Deja que la mandíbula caiga un poco, apoya la lengua en el suelo de la boca y deja que los hombros se alejen de las orejas. Seamos honestos: nadie hace esto de verdad todos los días, pero probarlo una vez cuando notes que la presión sube puede resultar sorprendentemente revelador.
Mucha gente describe la misma secuencia: un calor sutil en las orejas, una ligera «soltura» dentro de la cabeza y luego unas ganas pequeñas pero muy reales de tragar o bostezar. A menudo es señal de que las trompas de Eustaquio se están ajustando, lo que puede influir en cómo drenan los senos paranasales.
«Les digo a mis pacientes que usen los dedos como una conversación, no como un taladro», explica un osteópata con consulta en Londres. «La oreja es una puerta de entrada. Cuando la tocas con intención, le estás hablando al sistema nervioso, y los senos suelen seguirle el paso».
También hay una capa psicológica de la que casi nadie habla. El autotacto, cuando es suave y estructurado, tiene por sí mismo un efecto calmante. En un día de cabeza horrible, esa sensación de hacer algo sencillo, sin esperar a que una pastilla haga efecto, cambia el chip de «indefenso» a «implicado». A nivel del sistema nervioso, eso importa.
- Usa una presión de ligera a moderada, nunca dolorosa.
- Muévete desde la parte superior de la oreja hacia el lóbulo, no al revés.
- Combina el masaje con una respiración lenta y tranquila.
- Pruébalo antes de medicarte o entre dosis para comparar sensaciones.
- Si el dolor es agudo, unilateral o persistente, consulta con un profesional sanitario.
Por qué este pequeño ritual le gana a un descongestionante para mucha gente
Hay algo extrañamente radical en elegir tus dedos en lugar del estante de la farmacia. No borrará una sinusitis grave, no sustituirá a los antibióticos cuando de verdad se necesitan. Lo que sí ofrece es una manera de bajar el volumen de la incomodidad durante esas horas cotidianas y miserables de resfriado.
Cuando te masajeas las orejas, no estás solo frotando piel. Estás contactando con una red de nervios y vasos conectados con la cara, el cuello y la parte alta del pecho. Cambia el flujo sanguíneo. Los músculos se ablandan. Las vías de drenaje se abren un poco. Eso puede traducirse en menos presión detrás de los ojos, menos martilleo en la frente y una nariz que se siente ligeramente menos como cemento mojado.
Quienes combinan esta técnica de orejas con hábitos simples -bebidas calientes, vapor suave, descansos cortos de pantallas- suelen notar la cabeza más despejada sin los efectos secundarios de los descongestionantes clásicos: ni temblor en las manos, ni taquicardia, ni congestión de rebote dos días después. Para algunos, solo eso ya la hace «mejor» que un fármaco que funciona a medias.
La historia más grande, sin embargo, es lo que dice sobre cómo tratamos el dolor cotidiano. Nos hemos entrenado para recurrir primero a algo que podamos comprar, tragar o pulverizar. Nuestros cuerpos se vuelven objetos pasivos que hay que «arreglar». Un masaje de orejas de 30 segundos es, en comparación, casi ridículamente simple. Sin marca, sin eslogan, sin puntos de tarjeta de fidelidad.
En un mal día de senos, la diferencia entre «no puedo pensar» y «puedo funcionar» suele ser pequeña: una bajada de presión, una respiración un poco más fácil, un sistema nervioso más calmado. Este ritual de orejas vive justo en ese margen. No es glamuroso. No será tendencia para siempre. Aun así, es el tipo de truco que la gente se pasa en voz baja entre amigos y familia, casi siempre con la misma frase: «Prueba esto. Es raro, pero ayuda».
Y esa es la invitación real: no tirar el botiquín, sino redescubrir que tus propias manos aún tienen algo que decir sobre cómo se siente tu cabeza.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| Masajear el pabellón de la oreja | Deslizar lentamente desde la parte superior de la oreja hasta el lóbulo, pellizcando y masajeando | Ofrece un alivio rápido, sin medicación, en menos de 30 segundos |
| Estimulación nerviosa suave | Activa zonas relacionadas con los senos paranasales, los músculos faciales y el sistema nervioso autónomo | Puede reducir la sensación de presión y pesadez en la cabeza |
| Ritual repetible en cualquier lugar | Se puede hacer sentado en el transporte, en la oficina o en la cama, sin material | Aporta una herramienta concreta para usar en cuanto aumenta la congestión |
Preguntas frecuentes (FAQ)
- ¿Este masaje de orejas sustituye por completo a los descongestionantes? No necesariamente. Puede ser un complemento potente y, para una presión sinusal leve, a veces basta por sí solo. En síntomas graves o persistentes, puede seguir siendo necesaria la medicación o el consejo médico.
- ¿Con qué frecuencia puedo hacer el masaje de orejas de 30 segundos? Puedes repetirlo varias veces al día, especialmente cuando la presión aumenta. A muchas personas les gusta hacerlo por la mañana, a media tarde y antes de dormir.
- ¿Qué tan rápido debería notar una diferencia? Algunas personas notan cambios tras los primeros 30 segundos; otras necesitan varias rondas. El alivio suele ser sutil al principio: un poco más de facilidad, menos latido, una deglución más clara.
- ¿Hay alguien que deba evitar esta técnica? Si te han operado del oído recientemente, tienes infecciones de oído activas, dolor de oído sin explicación o problemas de equilibrio, consulta con un profesional sanitario antes de probarla.
- ¿Puedo usarlo en niños con los senos paranasales bloqueados? Con suavidad, sí, pero con un contacto muy ligero y solo si el niño está cómodo. Detente de inmediato si hay dolor, llanto o mareo, y consulta al médico si los síntomas siguen siendo intensos o empeoran.
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