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Un estudio muestra que una rendija en una puerta olvidada aumenta la factura de calefacción un 12 %.

Persona colocando una tira de sellado en la base de una puerta de madera. Herramientas y alfombra cerca del radiador.

Creemos conocer nuestra propia casa.

Las fugas, los rincones fríos, los radiadores viejos que se quedan cortos. Y de pronto cae una cifra, seca como una factura: una simple rendija bajo una puerta interior puede disparar tus gastos de calefacción un 12 %. No es una pared mal aislada, ni una ventana de los años 70. Solo esa fina línea de luz que ignoramos cada mañana al salir a trabajar.

Un equipo de investigadores británicos pasó el invierno pasado rastreando estas pérdidas invisibles. Cámaras térmicas, sensores, cuadernos de notas. No buscaban un gran escándalo, solo entender por dónde se va el dinero que se evapora en forma de calor. Su hallazgo tiene algo casi humillante: una abertura de apenas unos milímetros bajo una puerta interior puede bastar para desajustar todo el equilibrio térmico de una vivienda.

Creíamos haberlo visto todo; simplemente habíamos olvidado mirar a nuestros pies.

La rendija bajo la puerta que hace arder la factura

La escena ocurre en una casa adosada corriente, en las afueras de Leeds. Llovizna, 5 °C en el exterior, la calefacción encendida desde la mañana. El investigador principal, aún con el abrigo puesto, apunta su cámara térmica hacia la parte inferior de la puerta del pasillo. En la pantalla, el color se enciende: un rectángulo azul intenso en el suelo, cortado por una línea rojo anaranjada justo donde se escapa el aire caliente.

El propietario, un padre de familia que creía haber “aislado todo”, mira, algo incrédulo. Cambió las ventanas, rehízo el aislamiento del desván, purgó los radiadores. Pero el frío persistente del pasillo y del salón seguía ahí, como una mala costumbre. Es esa franja fría bajo la puerta del salón la que delata la fuga. Una pequeña línea que ya ni se aprecia a simple vista. Un abismo energético en la cámara.

Luego los investigadores cuantificaron el impacto, con sensores de temperatura y consumo durante varias semanas. Compararon dos escenarios: casa calefactada con esa famosa rendija de 8 a 10 mm bajo la puerta, y casa calefactada tras instalar un sencillo burlete inferior estanco. Resultado: el sistema de calefacción tuvo que funcionar hasta un 12 % más de tiempo para mantener la misma temperatura cuando la rendija estaba abierta. No era, por tanto, una simple incomodidad, sino un sobrecoste tangible, repetido, temporada tras temporada.

La lógica detrás de esa cifra es brutal, casi de libro. El aire caliente tiende naturalmente a subir y a escapar hacia espacios más fríos. Cuando una puerta interior deja un paso directo entre una habitación calefactada y un pasillo gélido, crea un mini túnel de viento. El aire caliente se cuela por debajo de la puerta, el aire frío regresa por arriba o por los laterales, y el radiador queda atrapado en un bucle interminable. Da la impresión de que “la calefacción es una mierda”. En realidad, es la casa luchando contra sí misma.

Cómo detectar y corregir esa famosa rendija bajo la puerta

¿El método más simple para localizar una fuga? Apagar todo ruido de fondo y simplemente… escuchar. Cuando la calefacción está funcionando y la casa está en silencio, a veces se oye el ligero soplido del aire que se cuela bajo una puerta, sobre todo si la diferencia de temperatura entre dos estancias es grande. Si no, la técnica de la hoja de papel funciona sorprendentemente bien: se desliza bajo la puerta y se nota si el aire “tira”.

Los investigadores recomiendan un gesto casi infantil: agacharse y pasar lentamente la mano por delante de la parte inferior de cada puerta que da a un pasillo sin calefacción, una escalera fría o una entrada que se usa poco. Uno queda un poco en ridículo, pero los dedos suelen captar esa corriente discreta que la vista pasa por alto. Es en ese momento, con la nariz casi pegada al suelo, cuando uno se da cuenta de hasta qué punto la casa pierde por sus detalles.

La corrección suele reducirse a un objeto de menos de 15 £: un burlete inferior rígido o flexible, de goma, espuma o cepillo. El modelo más eficaz no siempre es el más bonito, sino el que realmente se adapta al revestimiento del suelo. En baldosa o parquet liso, una tira flexible de goma funciona de maravilla. En un suelo algo irregular o un tablero antiguo, un cepillo grueso perdona más. Los equipos que realizaron el estudio insisten en un punto: cerrar la rendija sin bloquear por completo la ventilación de la vivienda, especialmente si hay una caldera de gas o una estufa.

Todos hemos vivido ese momento en que bajamos el termostato un grado “para esforzarnos” mientras dejamos una puerta abierta hacia un pasillo helado. Seamos sinceros: nadie hace eso cada día de forma coherente. Se calienta, se abre, se cierra una puerta a medias, se olvida. El estudio muestra que no es tanto la temperatura de consigna lo que hunde la factura, sino la estabilidad térmica de la casa. Una puerta interior por la que se escapa el aire anula parte de las ganancias de los gestos “virtuosos”. Apagas la luz al salir, pero el calor se va por la rendija del suelo.

Los errores frecuentes se repiten una y otra vez en los cuadernos de los investigadores. Instalar un burlete inferior… pero solo en la puerta de entrada, ignorando las puertas que separan las estancias calefactadas de zonas tampón (garaje, porche, galería). Colocar una junta demasiado rígida que rasca el suelo, hace ruido y acaba arrancada a las dos semanas. Dejar un hueco enorme “porque la puerta a veces roza”, en lugar de ajustar simplemente las bisagras o el umbral.

“Pensábamos encontrar problemas sofisticados de aislamiento en las paredes”, cuenta uno de los autores del estudio. “Lo que vimos es que la casa media pierde una fracción enorme de su calor por rendijas que podrían corregirse en un cuarto de hora, con un destornillador y una tira de menos de 20 £.”

Para aclararse, aquí va un mini recordatorio práctico:

  • Identificar primero las puertas entre una estancia calefactada y un pasillo o escalera fríos.
  • Probar cada parte inferior con la mano: no notar corriente de aire = buena señal.
  • Comprobar que la puerta sigue cerrando sin forzar, incluso después de colocar el burlete.
  • Vigilar la condensación o un aire demasiado viciado: señal de que se ha sellado en exceso.
  • Revisar los burletes una vez al año: espuma aplastada, cepillo torcido, goma agrietada.

Lo que revela de verdad esta minúscula rendija sobre nuestras casas

Lo más llamativo de este estudio no es el 12 % en sí. Es lo que dice sobre nuestra forma de vivir en nuestras viviendas. Invertimos sin reparos en ventanas de última generación, termostatos conectados, bombas de calor. Y luego dejamos que un pasillo helado aspire el aire caliente del salón, noche tras noche. El problema no es moral, es humano: no vemos el aire, solo lo sentimos a medias, así que lo descuidamos.

Esa puerta que “fuga” marca la frontera entre dos mundos climáticos. A un lado, la estancia donde vivimos, calentamos, charlamos, cocinamos. Al otro, los espacios “técnicos”, los lugares de paso, las zonas grises donde nadie se queda de verdad. Es en esos márgenes donde se juega parte de la batalla energética. Una tira de goma a ras de suelo puede parecer ridícula frente a una caldera de 3.000 £. Sin embargo, a veces es ella la que realmente retiene el calor donde hace falta.

Así, ese 12 % puede releerse no como una amenaza, sino como una oportunidad invisible. Un yacimiento de ahorro escondido en la sombra de las puertas, al alcance de quien se toma el tiempo de mirar su interior de otra manera. A escala de un hogar, son decenas -a veces un centenar- de libras ahorradas cada invierno. A escala de un barrio, son megavatios-hora de calor que dejan de escaparse por intersticios ridículamente pequeños. Y todo empieza con un gesto casi demasiado simple para ser cierto: agacharse, mirar la rendija bajo una puerta y decidir cerrarla.

Punto clave Detalle Interés para el lector
La rendija bajo la puerta sale cara Una abertura de 8 a 10 mm puede aumentar el tiempo de funcionamiento de la calefacción en torno a un 12 % Entender por qué sube la factura pese a los “buenos hábitos” habituales
Un arreglo barato Burlete inferior por menos de 15–20 £, instalable en pocos minutos, sin obras Lograr un ahorro concreto y rápido, sin cambiar equipos grandes
Una nueva forma de mirar la casa Observar los flujos de aire entre estancias calefactadas y zonas frías, en lugar de centrarse solo en paredes y ventanas Repensar el aislamiento como un conjunto de pequeños detalles acumulados, fáciles de resolver

FAQ:

  • ¿Cómo sé si mi puerta deja pasar realmente mucho calor?
    Lo más sencillo es pasar lentamente la mano por delante de la parte inferior de la puerta cuando la calefacción está funcionando y al otro lado hace más frío. Si notas un flujo claro de aire, sobre todo a lo ancho de toda la puerta, tienes una fuga importante. Una cámara térmica -a veces alquilable por días- lo hace visible al instante.
  • ¿Basta un burlete inferior para solucionar el problema de corrientes?
    A menudo sí, para esa zona concreta. Un buen burlete bien colocado reduce mucho las pérdidas. Pero si las paredes están heladas o las ventanas son antiguas, la mejora quedará limitada por esas otras debilidades. La idea es tratar las fugas una a una, empezando por las más fáciles.
  • ¿Me arriesgo a quedarme sin ventilación si tapo todas las rendijas bajo las puertas?
    Una ventilación mínima sigue siendo necesaria, sobre todo con una caldera de gas o una estufa. Por eso se evita sellar todo de forma hermética. Se actúa sobre las puertas entre estancias calefactadas y zonas muy frías, manteniendo entradas de aire dedicadas al aire fresco (rejillas, ventanas con microventilación).
  • ¿De verdad compensa comprar varios burletes inferiores?
    En un invierno típico, la reducción del tiempo de funcionamiento de la calefacción puede compensar de sobra el coste inicial, especialmente si tienes varias puertas que dan a pasillos helados o a un garaje. El retorno suele medirse en una o dos temporadas como mucho.
  • ¿Hace falta llamar a un profesional para comprobar estas fugas de aire?
    No necesariamente. La mayoría de pruebas básicas (mano, hoja, humo de incienso) están al alcance de cualquiera. Un profesional resulta útil si quieres un diagnóstico global con prueba de presurización (blower door) o si sospechas problemas estructurales más serios que simples rendijas bajo las puertas.

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