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Una gran reforma de herencias prevista para finales de 2025 cambiará cómo se reparten los patrimonios.

Personas leyendo libros y tomando café, con un cuaderno de planificación familiar y llaves en la mesa.

m., justo entre un café a medio terminar y llevar a los niños al colegio. Asunto: «Próximos cambios en las normas de herencia: quizá debas revisar tu testamento». El tipo de asunto que la gente archiva sin abrir, como un boletín del gimnasio en enero. Sin embargo, esta vez, algo era distinto.

Una gran reforma de la herencia, prevista para finales de 2025, está tomando forma en silencio en los pasillos del Gobierno. Los abogados susurran sobre ella, los bancos redactan notas internas y los asesores financieros, de repente, están «completos hasta marzo». Las familias corrientes, en cambio, siguen en gran medida a oscuras.

Sobre el papel, es solo derecho y cifras. En la realidad, son hermanos alrededor de una mesa de cocina, segundas nupcias, hijastros, una paz frágil entre parientes y casas que guardan décadas de recuerdos. En algún punto entre la jerga jurídica y el caos humano, la reforma de 2025 está a punto de volver a trazar las líneas.

Y algunas personas se van a llevar una gran sorpresa.

La reforma que podría reescribir los guiones familiares

Imagina una casa modesta de tres dormitorios, casi pagada, y dos hijos ya adultos escribiéndose en el WhatsApp familiar. Durante años, el plan era sencillo: cuando mueran los padres, la casa pasa a los hijos, más o menos a partes iguales. Es una promesa tácita que da forma a cómo muchas familias piensan en el futuro.

La reforma de la herencia de 2025 apunta a sacudir ese guion silencioso. Los legisladores estudian cambios en los umbrales fiscales, en los derechos de las parejas de hecho que conviven y en cómo se reparten las herencias entre cónyuges, hijos e hijastros. En la superficie suena técnico; por debajo, es dinamita emocional. ¿Quién cuenta como «familia»? ¿Quién tiene prioridad cuando el pastel, de pronto, resulta más pequeño de lo esperado?

No hablamos solo de los ultrarricos con patrimonios enormes. Los primeros borradores y filtraciones de expertos sugieren que los hogares de clase media -los que tienen una vivienda, algo de ahorro, quizá un piso en alquiler- están justo en el punto de mira. Gente que rara vez se ve a sí misma como «rica», pero cuya herencia de repente se vuelve muy visible para Hacienda.

Piensa en Emma, 49 años, que perdió a su padre hace dos años. Su testamento era simple: todo para sus dos hijas. Vendieron su piso, pagaron un impuesto de sucesiones moderado y usaron el resto para saldar deudas y ayudar con tasas universitarias. Si el marco de 2025 hubiera estado vigente, su factura fiscal habría sido aproximadamente un 30% más alta, según un abogado fiscalista que recalculó las cifras de su expediente.

Ahora imagina multiplicar la historia de Emma por cientos de miles de fallecimientos al año. Esa es la escala de lo que está en juego. Se espera que la reforma endurezca algunas exenciones a la vez que moderniza el tratamiento de las familias reconstituidas. Los matrimonios podrían quedar mejor protegidos. Las parejas no casadas de larga duración podrían, por fin, entrar en el panorama legal.

¿La parte incómoda? Las familias rara vez son «estándar». Ahí es donde las nuevas normas pueden crear ganadores y perdedores. Un hijo adulto que vive en el extranjero podría recibir un trato distinto al de un hermano que se quedó cerca. Un hijastro criado desde los cuatro años podría ser por fin reconocido por la ley, o seguir en una zona gris, según cómo quede el texto final. No son líneas abstractas de un proyecto; son discusiones futuras en los funerales.

Analistas que siguen borradores legislativos dicen que se perfilan tres grandes ejes. Primero, una probable reordenación de tramos y exenciones fiscales, lo que podría hacer que más herencias entren en el ámbito imponible. Segundo, normas más claras sobre activos digitales y bienes en el extranjero, a medida que más gente mantiene inversiones o propiedades fuera. Tercero, un reajuste de cómo cónyuges, parejas de hecho, convivientes e hijos se reparten el caudal hereditario.

Esta mezcla responde a un cambio real: la gente vive más, se divorcia más, se vuelve a casar más tarde y a menudo trata a los hijastros como propios. La ley, anclada en un modelo familiar más antiguo, se ha quedado atrás. La reforma que viene es el intento del Estado de ponerse al día. Pero ponerse al día con la realidad suele crear nuevas tensiones: cuando aumenta la claridad legal, algunos «acuerdos» informales de toda la vida se rompen de golpe.

Lo que asusta a muchos abogados es el calendario. La reforma está prevista para finales de 2025, pero cada día muere gente con testamentos redactados bajo un sistema que desaparece. Herencias abiertas justo antes y justo después de las nuevas normas podrían acabar en situaciones radicalmente distintas. Para familias al límite de un umbral fiscal, unas semanas podrían costar decenas de miles.

Lo que ya puedes hacer antes de que llegue la ley

El paso más útil ahora mismo es brutalmente simple: hacer o revisar tu testamento teniendo en mente la reforma. Sin pánico, y no con una plantilla medio recordada que encontraste online hace cinco años. Con una pregunta clara sobre la mesa: «Si las normas de 2025 fueran más duras que las de hoy, ¿quién quedaría más expuesto en mi familia?».

Empieza con un inventario de una página. Vivienda, ahorros, pensiones, seguro de vida, participaciones empresariales, ese piso que compartes con tu hermano, incluso la pequeña casa de vacaciones en el extranjero. Y luego añade: ¿a quién quieres proteger primero por motivos emocionales? Cónyuge o pareja, hijos, alguien vulnerable, un hermano que siempre queda fuera. Esa mezcla de números y nombres es donde empieza la planificación real.

Una vez trazado ese mapa, un especialista puede simular distintos escenarios: normas actuales, normas previstas para 2025 y supuestos de peor caso. No son bolas de cristal, pero ofrecen un rango. Ese rango puede guiar decisiones reales: donar en vida, cambiar beneficiarios de seguros o decidir quién debería ser, de hecho, el titular de la vivienda familiar.

A nivel humano, lo que lo cambia todo es hablarlo antes de que exploten las emociones. Un domingo por la tarde, cuando nadie está estresado, di en voz alta: «La ley puede cambiar y no quiero que nadie se sienta traicionado cuando yo no esté». Esa frase es incómoda y extrañamente liberadora a la vez.

A nivel práctico, muchos asesores ven el mismo patrón: las familias que posponen esta conversación acaban discutiendo no solo por el dinero, sino por «lo que mamá habría querido». Cuando la ley se mueva, esa conjetura será aún más frágil. Si el Estado de pronto grava más, los parientes podrían culparse entre sí en lugar de culpar a la reforma.

Una trampa habitual es fingir que las herencias pequeñas no necesitan planificación. A medida que suben los valores -especialmente la vivienda-, más hogares «corrientes» superan en silencio los futuros umbrales fiscales. Un piso de tres habitaciones en una gran ciudad puede generar hoy la misma ansiedad fiscal que antes generaba una villa en el campo. Otro error es ponerlo todo a nombre del cónyuge «por simplicidad», sin comprobar cómo queda tratada la siguiente generación bajo el nuevo esquema.

Los abogados también advierten contra la planificación casera a medias. Testamentos hechos en casa y nunca actualizados. Donaciones informales de inmuebles sin registrarlas como anticipo de herencia. Usar cuentas conjuntas para «evitar problemas después», creando en realidad problemas mayores cuando el banco bloquea fondos tras un fallecimiento.

«La reforma no creará tensiones familiares», me dijo un abogado especializado en herencias. «Solo revelará las que ya estaban ahí, en silencio».

Detrás del consejo legal hay un trabajo emocional más silencioso. Nombrar a un hijo albacea puede sentirse como un halago y una carga a la vez. Dejar la casa a un hermano y los ahorros a otro puede parecer equilibrado sobre el papel, pero sentirse injusto en la práctica. Por eso algunas familias empiezan a tratar las conversaciones sobre la herencia como tratan la organización de una boda: un proceso largo, caótico y colaborativo, no una sorpresa de última hora.

  • Pide a un profesional que ponga a prueba («stress test») tu testamento actual frente a posibles escenarios de 2025.
  • Escribe, en lenguaje sencillo, por qué tomas cada decisión importante.
  • Comparte ese razonamiento con las personas afectadas, antes de la ley y antes de la enfermedad.

Una reforma que nos obliga a replantearnos lo que dejamos atrás

Hay una ironía extraña en todo esto. Una reforma legal destinada a modernizar la herencia podría empujarnos a pensar menos en el dinero y más en el significado que le damos. ¿A quién queremos proteger, agradecer o, en silencio, compensar? ¿En quién confiamos para gestionar el conflicto cuando ya no estemos en la habitación?

Para algunos, los cambios de 2025 se sentirán como una amenaza: más impuestos, más control, menos formas de «mantenerlo en la familia». Para otros, puede ser un reconocimiento largamente esperado de que su pareja o su hijastro, antes invisibles ante la ley, por fin cuentan. Ambas reacciones pueden ser ciertas a la vez.

La ley llegará, vendrán las discusiones y los periódicos sacarán titulares sobre «ganadores y perdedores». En la vida real será mucho más sutil. Alivio silencioso ante una factura fiscal menor de lo temido. Resentimiento callado de un hermano que se siente apartado. Una pareja que de pronto se ve segura en un hogar que antes temía perder.

Algunos se lanzarán a «optimizar» cada euro. Otros se encogerán de hombros y dirán: «Ya se apañarán cuando yo no esté». Seamos honestos: nadie hace de verdad eso todos los días. La mayoría viviremos en algún punto intermedio: actualizaremos un testamento, tendremos una conversación incómoda y luego volveremos al trabajo, a los niños, a la vida.

Todos hemos vivido ese momento en que una muerte en la familia abre un cajón lleno de cartas, fotos e historias sin resolver. La reforma de 2025 no borrará ese cajón. Lo que quizá cambie es quién tiene las llaves, quién se queda con la casa, quién carga con el peso. Por eso la gente empieza a hablar, a veces por primera vez, de lo que de verdad importa cuando ya no están.

Y quizá esa sea la pregunta oculta tras los titulares sobre tramos y exenciones: no solo «¿quién se queda con qué?», sino «¿qué queremos que diga de nosotros nuestro último gran gesto?».

Punto clave Detalle Interés para el lector
Umbrales fiscales redefinidos Es probable que más herencias entren en la zona gravable con las normas de 2025 Anticipar el posible impacto fiscal sobre tu vivienda y tus ahorros
Nuevo tratamiento de las estructuras familiares Se espera que cónyuges, parejas e hijastros queden definidos con más claridad Entender quién en tu vida puede ganar o perder protección legal
Necesidad de planificación temprana Los testamentos redactados con la ley actual pueden chocar con el nuevo marco Aprovechar el tiempo ahora para revisar y adaptar tus planes sucesorios con calma

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿Se aplicará la reforma de la herencia de 2025 a los fallecimientos ocurridos antes de su entrada en vigor? Por lo general, las normas sucesorias se aplican según la fecha de fallecimiento, no según la fecha del testamento. Las herencias abiertas antes de la reforma deberían seguir el marco vigente, mientras que las posteriores a la fecha de inicio legal aplicarán las nuevas normas.
  • ¿Debería esperar al texto definitivo de la ley antes de cambiar mi testamento? Esperar por completo puede dejarte expuesto. Un enfoque mejor es actualizar el testamento ahora incorporando flexibilidad y programar una revisión cuando se conozca el texto definitivo.
  • ¿Se tratará a las parejas convivientes igual que a los cónyuges? Es probable que ganen derechos más claros, pero no necesariamente una igualdad plena con matrimonios o parejas registradas. Los detalles dependerán de cómo los legisladores definan la prueba y la duración de la relación.
  • ¿Puedo evitar por completo el impuesto de sucesiones con donaciones hechas en vida? Las donaciones en vida ayudan, pero suelen estar sujetas a periodos de cómputo retroactivo y a obligaciones de declaración. Transferencias mal estructuradas pueden aumentar la carga fiscal en lugar de reducirla.
  • ¿Cuál es el paso único más útil para dar en 2024–2025? Haz una lista de tus bienes, escribe a quién quieres proteger y por qué, y luego comenta ese documento con un asesor cualificado y al menos con un familiar de confianza.

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